
La semana comenzó con el rimbombante anuncio del descuento -o “donación”- de medio aguinaldo del intendente Montenegro, secretarios comunales y presidentes de entes descentralizados (catorce funcionarios en total). Esto parecería un gran gesto de austeridad en medio de la pandemia, algo querido por el vecino, pero como es costumbre en el Intendente, la publicidad engaña, la realidad marca otra cosa y la hipocresía reina.
Cuando Montenegro asumió como jefe comunal, la planta de empleados políticos, que son los que directamente nombra el Intendente, era de 77 funcionarios. Desde ese entonces el personal del ejecutivo local subió a 121, más de un 75% de aumento. Casi el doble. Lo que se le muestra al vecino como un gesto de gran austeridad y renuncia en realidad esconde el exponencial aumento de empleados políticos del intendente, producto del pago de favores a sus socios en la coalición Cambiemos. Lo único real es que el jefe comunal gasta cada día más en política y lo maquilla con anuncios hipócritas.

La pandemia sigue siendo el eje sobre el que gira gran parte de nuestro presente y en este tema también vemos la hipocresía del Intendente y su oportunismo político. Como muestra podríamos considerar el tema de la presencialidad en las escuelas.
El 16 de marzo del 2020 el intendente tomaba la decisión inconsulta y autónoma de suspender las clases presenciales en escuelas de nuestra ciudad, cuando había un solo caso de COVID-19 registrado oficialmente en la comuna. En esa fecha, en la que se “cortaba solo” decía: “Consideramos que reducir la circulación de personas es importante para achicarf las posibilidades de propagación del virus”.
Hoy, con un ritmo sostenido de casos diarios por encima de 350, con picos de casi 500, habiendo aumentado los casos activos a cifras récord y con las terapias en más del 80% de ocupación, la opinión del intendente respecto de las clases cambia diametralmente y entonces solicita la vuelta de la presencialidad a toda costa. Este cambio de opinión puede parecer difícil de entender pero tal vez no lo sea tanto.
El 16 de marzo de 2020 muchos de los marplatenses pedían medidas de cuidado como – por ejemplo – cerrar las escuelas de forma inmediata, en virtud del razonable pánico que provocaba la pandemia. En ese momento el Intendente, sin escuchar otras voces ni analizar profundamente la situación, apresuró el cierre con el fin de calmar a la opinión pública.
En el presente, muchos marplatenses agobiados por la situación piden razonablemente la presencialidad. La pandemia ha fundido a pequeños negocios y amenaza con fundir muchos más y se ha instalado una aparente contradicción entre cuidar la salud y trabajar pues también ocurre que los hospitales colapsaron. Montenegro vuelve a operar, entonces, con prisa y sin analizar el cuadro completo, ansioso por volver a calmar a la opinión pública.
El intendente parece tomar sus decisiones de gobierno en base al humor popular del momento, a las encuestas y los focus groups. Tan es así que resulta capaz de suspender la presencialidad o pedir su retorno con similares argumentos.
Como decimos siempre, más parecido a CABA no se consigue.



