Esta semana podríamos decir que quedó a la vista la alarmante falta de gestión del gobierno que encabeza el intendente Guillermo Montenegro. Por ejemplo, en seguridad (quizá uno de los caballitos de batalla de la campaña electoral que le permitió llegar a la intendencia) la cantidad de hechos delictivos de los últimos siete días dan la sensación de que estamos a la deriva, sensación que evidentemente no comparte el Secretario de Seguridad Horacio “Toto” García quien muy suelto de cuerpo afirma que “Mar Del Plata está pasando por un momento de importante tranquilidad”. Este es el segundo funcionario importado de Capital Federal que ocupa ese cargo y que atribuyó la violencia existente a ajustes de cuentas y a la naturaleza de una sociedad violenta; la verdad que más que un funcionario que debe aportar algún plan o alguna idea sobre esta problemática parece un pronosticador de mesas de café. La falta de seguridad en todas las zonas de la ciudad, especialmente en los barrios de la periferia, el creciente nivel de violencia en cada hecho, los constantes delitos contra repartidores domiciliarios, todo ello constituye en tierra de nadie a esta ciudad en donde el Intendente aumentó el dinero dedicado a la seguridad de manera astronómica. No se ve ningún resultado, solo discurso para la tribuna.
Mientras tanto el propio intendente, los funcionarios y la mayoría de los concejales se lo pasan de rosca en rosca en la interna de Juntos por el Cargo que tras un recorte – vaya paradoja – transmutó en Juntos, un escenario hasta hoy tendiente a terminar en una interna entre Santilli (Montenegro) y Manes (Abad) con sus lógicas consecuencias, situación preocupante para los marplatenses que sufren hoy un gobierno municipal casi ausente. Cuesta imaginarse lo que sería esta gestión con los funcionarios y el intendente enfrentados entre sí.
Mientras tanto el FdeT – a nivel local – no presenta mayores sorpresas. Sólo mucho trabajo y mucho escuchar a los vecinos. Y a nivel nacional, el alegato de Cristina por la causa del Memorándum con Irán supone una fuerte sacudida hacia adentro y hacia afuera. Parece que ha llegado el momento de sacudir el mantel.